lunes, 23 de marzo de 2009

Pies color de luna


Adivino el color de tus pies enfundados en zapatos que los cubren alejándolos de miradas distintas a la mía, ocultándolos del aire y del polvo de las calles.

-No veas mis pies -dices, como si hubiera cometido un sacrilegio.

-Es que son hermosos...

Yacemos sobre la alfombra aislados de la última luz del día. Fundidos en un abrazo siento el aroma de tu cuerpo. Desollo poco a poco, la segunda piel de seda negra y tersa que confina a tus pies del viento tibio que llega con abril. Cuando quedan libres, separo uno a uno tus dedos, observo, curioso, sus pequeñas uñas, lunas en cuarto menguante coronan como frisos tus arrogantes dedos. Me gusta recorrerlos con mi boca y luego, extasiarme con el azul de tus venas que corren hacia arriba hasta esconderse entre tus muslos. Me excita recorrer tus pies con la humedad de mi lengua, llenarlos con mi saliva para extender el goce que invade mi cuerpo abandonado junto al tuyo.

-Loco, no eres más que un loco -respondes con voz suave. -¿Cómo puedes pensar algo así de mis pies? Son feos, míralos bien, .... -mientras tratas de cubrirlos.

Tus intentos son infructuosos y el sometimiento me lleva a reiniciar mi búsqueda por tus pies blancos que ahora son tibios como luz de luna que penetra los cristales. En la habitación apenas iluminada por esa tenue claridad vuelvo a encontrarlos y enervan mis sentidos. Te abandonas soltando tu cuerpo para que continúe mi expedición. Mis dedos se confunden con los tuyos y acaricio uno a la vez. Inicio un masaje lento que libera placer. Sigo con caricias a tus tobillos, abro el pomo con aceite de fragancias orientales y los envuelvo con su aroma.

-Apuesto que te vendrá bien el masaje, -expreso y beso cada uno de tus dedos. Siento el deseo por poseerte y recorro tus piernas.

-Pero si tu no apuestas, es más, nunca juegas... -te defiendes sin probabilidades de éxito mientras sientes mis manos diligentes sobre tus caderas y extiendo un cordón invisible desde tus pies hasta el cuenco abisal de tu ombligo. Ese galón dorado y transparente se extiende al infinito, guarda el equilibrio del instante.

-Se apuesta para jugar, contesto hundido en mi labor de búsqueda y mi lengua se enreda en el tenue hilo que ahora nos une y forma con nosotros un capullo. Recorro la languidez de tus dedos como el músico recorre las teclas de su piano. Aguzo el oído para escuchar la agónica sinfonía que producen.

-Escucha el tañer de tus dedos, -te digo mientras en el ambiente se esparce la endeble armonía con el contacto de los míos.

Es como si en el aire flotara una melodía wagneriana que nos eleva por encima de las construcciones y desde ahí, observamos las luces de la ciudad, luciérnagas iridiscentes que destacan en la inmensa oscuridad de la noche que ya nos alcanzó. Te preocupa que sea tarde y sin aviso, me tomas de los cabellos y frotas mi rostro en tu estómago. Escucho el fluir interno de tu sangre y no deseo separarme de esa nueva cadencia que me obligas a escuchar. Siento la agradable presión de tus uñas cuando se clavan en mi espalda como el alpinista hunde su piolet en la roca para no caer al precipicio. Escucho tu voz lejana que me llama. Toco tus pies con los míos y siento su calidez. Escalan mis piernas y se trenzan en un abrazo que me transporta.

-Ya, deja de hacer locuras y ven, acércate más -me dices con deseo.

No dejo de sentir tus pies. A través de ellos he llegado a conocer los caminos que has andado y la huella que dejaron cuando pasaste por ellos. Me dicen que en un tiempo, antes de conocerte, huías de fantasmas que te perseguían y que yo he ahuyentado con mis caricias. Con ellos aprendí a leer tu cuerpo, a interpretar las señales que producen cuando los veo aparecer por la orilla de la sábana cuando duermes. Esta inclinación por tus pies surge de la delicia que me produce mirarlos, tocarlos. Es deseo irrefrenable que de quienes amamos. Desata emociones entre el deseo y el placer. Respondo a tu llamado mientras el abrazo intenso de tus pies me presiona junto a ti y siento la fuerza de un beso que me hace olvidar cómo empezó todo esto y quiero volver a experimentar lo mismo una y otra vez, escuchar los sonidos que he producido sin que el cansancio nos domine.

1 comentario:

Rene Davila dijo...

Mi estimado Javier Palacios, una doblemente grata sorpresa, primero saber que tienes este blog y segundo que la primer imagen de el es una fotografia que no deja nada a la imaginacion ;sin embargo despues de lo anteriormente dicho no solo mi imaginacion se desboca sino que me lleno de preguntas acerca de esta singular bienvenida y de tus recientes andares y (obvio) tus paraderos, aunque seria raro que pudieras realizar con comodidad lo primero dando como supuesto lo segundo. Un abrazo donde quiera que estes y cualquier cosa que estes haciendo.

Un miembro... Del grupo subrepticio Saul...

Pies color de luna

Adivino el color de tus pies enfundados en zapatos que los cubren alejándolos de miradas distintas a la mía, ocultándolos del aire y del pol...